jueves, 1 de marzo de 2012

Miedo

Porque muchas veces tenemos miedo a arriesgarnos, a decir lo que pensamos, a actuar según nuestros impulsos, tenemos miedo a poder perder aquello que tenemos y nos hace tan felices... pero son mucho más numerosas las cosas que perdemos por ese miedo a perder...

lunes, 27 de febrero de 2012

Días de esos...

Días de esos en los que no puedes más y explotas. No aguantas más esa falsa sonrisa que habías plasmado en tu cara, y echas a llorar sin posible consuelo alguno.

Maldices a toda circunstancia y persona que te rodea, te arrepientes de cientos de cosas que has hecho, de cientos de cosas que has dicho sin haberlas pensado bien antes. Te arrepientes de todos y cada uno de los momentos que has desperdiciado por estar en la misma situación que estás ahora; deseas volver atrás, para dar todos esos abrazos que debiste dar, para decir todos esos "te quiero" que no te atreviste a entregar. Días de esos que dudas hasta de quien eres, de que es lo que estás haciendo, y de que es lo que verdaderamente deseas.

Días de esos... en los que lo que verdaderamente te entristece no son los recuerdos, los arrepentiemientos, las dudas... sino que lo que más te entriestece es no tener a tu lado a esa persona que evita que estés así, que con un simple abrazo consigue tranquilizarte, esa persona que te hace comprender que todo lo que has hecho en tu vida, lo has hecho por algún motivo que en ese momento tu creias conveniente.

Días de esos en los que no es que quiera tenerla conmigo, es que lo necesito...

sábado, 14 de enero de 2012

Conmigo misma

A veces me apetece soltarlo todo de golpe. Dejar de callar todo lo que pasa por mi mente y mi corazón; gritarlo, sacarlo fuera de mí, y no dejar que vuelva a entrar de nuevo dentro.
En ocasiones llego mucho más lejos, e intento describir las preocupaciones que me atormentan y que muchas veces llegan a tapar mis sonrisas. Pero en ese momento mis labios empiezan a temblar y mi lengua se bloquea haciendo que sea imposible articular palabra alguna.
Se que muchas personas, más bien la mayoría de la humanidad, cuando cuentan sus pensamientos más atormentadores, se sienten liberados al menos en parte, como si se hubieran desprendido de la máscara triste que tenían puesta en su cara. Pero yo... no soy así. No es que no me guste contar mis cosas, es que no me sale. No quiero descifrarte mi mente para que puedas entenderme, no quiero que me escuches atentamente, o que finjas hacerlo. No quiero que muestres falsa preocupación por mí, cuando se perfectamente que en cinco minutos lo habrás olvidado. No quiero que me digas que todo va a salir bien, que no hay mal que por bien no venga, que todo es cuestión de tiempo... que todo tiene solución. No quiero escuchar todas esas frases que ya me han dicho ciento de veces. Por eso cojo un bolígrafo, una hoja, y me pongo a escribir, a hablar con la única persona que alguna vez a llegado a entenderme... conmigo misma.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Cada vez con más ganas de parar, de rendirme... pero a la vez con más fuerza que nunca para seguir luchando, para seguir en pie, ir avanzando hacia delante sin permitirme dar ni un pasito atrás. Es tan curioso como te llega a sorprender la vida, la capacidad que tiene para hacerte tanto daño, para superar el umbral de dolor que creias correcto. Cuando menos lo esperas, cuando piensas que todo el sufrimiento ha pasado y que ahora solo toca enfrentarse a la sombra que proyecta el dolor... llega otro mal peor, que no solo se une al anterior, sino que lo solapa creando una bomba de relojería... una bomba cargada de tanto miedo, de tanto dolor, que es capaz de acabar con todas y cada una de las sonrisas presentes en tu vida.
En realidad tengo suerte... suerte por formar parte de una familia que nunca pierde el humor, que nunca se rinde, y que por muchas bombas de relojería que se presenten... jamás deja que sus sonrisas sean destruidas.

lunes, 12 de diciembre de 2011

El tiempo escapa


El tiempo escapa y lo sabemos... nuestro escenario está cambiando, y lo estamos viendo. Lo peor de todo es que nos da igual. No digo que debamos de intentar parar el reloj del tiempo, pues aunque en numerosas ocasiones sería perfecto... es imposible. Tampoco digo, que debamos de adoptar la actitud de no aferrarnos a nada por el conocimiento que preveemos de su futura pérdida. Lo que intento explicar es algo tan sencillo como aprovechar el hoy antes de que se convierta en ayer; pedir perdón, besar, abrazar, querer, decir lo que pensamos a quienes debamos decírselo... pero lo más importante es hacerlo ahora, pues ante una tumba... ya no hay mucho que hacer.
No parece tan complejo, ¿verdad?... El problema es que esto es algo que solo entendemos con el tiempo... sí, ese mismo tiempo que se escapa delante de nuestros ojos...

lunes, 5 de diciembre de 2011

Se dice que uno no sabe lo que tiene, hasta que lo pierde...pero realmente, no creo que sea así. Sí que sabemos lo que tenemos, solo que en ningún momento nos planteamos la hipotética situación de vivir sin ello.
Te acostumbras a una vida, a una rutina, a estar rodeado de las mismas personas... las mismas caras...las mismas miradas. Consigues encontrar en ese entorno, aquellas cositas que te hacen feliz, aquello que hace que te quieras levantar cada día para seguir adelante. Y sí... sabes lo que tienes... quizá no lo aprecies tanto como podrías o deberías... pero lo sabes...
En ese momento todo cambia... tu entorno se desvanece, las personas que te rodeaban desaparecen... adios a esas expresiones, a esas miradas... adios a todo aquello que conformaba tu día a día.
Entonces te das cuenta de todos los momentos que has desperdiciado por considerarlos "normales"... de todas las miradas que no has sabido desvelar, de todas las sonrisas que has ignorado al no darles la importancia que tenían realmente...¿el por qué?pues muy sencillo...pensabas que esos pequeños detallitos iban a estar siempre en tu vida, decorando tu día a día, formando parte del escenario por donde caminas...
Comienza el nuevo reto...intentar no caer en el mismo error. Saber dar la importancia que merece a cada sonrisa, a cada mirada, a cada abrazo... aprovechar cada momento como si del último suspiro de nuestra vida se tratase...ser feliz, saber extraer el verdadero significado de las cosas, la esencia, el auténtico mensaje...conseguir deshacerte de aquello que te impide ser tú mismo...
¿Lo más importante?antes de tratar mal a algo o a alguien... se consciente de que en algún momento dejará de estar presente en tu vida...

domingo, 20 de noviembre de 2011

No puedo más...

(Relato breve con el que hace un par de años gané un concurso)

Querida mamá:
Han pasado ya seis meses y siempre ocurre igual, despierto pensando en que todo ha sido una mala pesadilla y, feliz de escapar de ese horrible sueño, respiro aliviado. Pero luego pasan unos minutos... entonces en mi cabeza se repiten aquellas imágenes, se repite aquel momento... y en ese instante desearía seguir durmiendo, sumido en la horrible pesadilla que eme apresaba, para no tener que enfrentarme a una realidad aún peor.

Aquel día me costó localizar a Jose: no cogía el móvil, no respondía al chat... pero cinco años de amistad son suficientes para saber que estaría durmiendo. Le llamé y, como no contestaba, le llamé una vez más, y otra.

¿Por qué?¿Por qué tuve que insistir tanto?¿No podía haber dejado las cosas tal y como estaban?

Al cuarto o quinto intento, apareció al otro lado una voz ronca. estaba resacoso de la noche anterior y quería dormir un poco más, pero yo quería dar una vuelta con la moto antes de comer. Insistí muchyo, pues ya había recogido la moto del taller y tenía unas ganas horribles de estrenar el nuevo tubo de escape. al final accedió y quedamos, como la mayoría de los sábados, a las doce en el parque del barrio. Monté en mi scooter y me fui al parque. Allí estaba él... sentado en el banco que está bajo la sombra de los chopos, comiendo pipas y con el viejo casco que le presté, listo para gastar unos litros de gasolina. Fueron necesarios tres silbidos hasta que se percató de mi presencia (ya sabes que siempre le gustó llevar los auriculares con la música muy alta). Vino tan sonriente como de costumbre, nos montamos en la moto, arranqué el motor y nos fuimos.

¿Quíen me iba a decir que pasaría aquello?¿cómo saber lo que el destino nos deparaba?¿cómo esperar que la felicidad se esfumase así, sin más y en unos segundos, que la diversión pasaría a ser tragedia en lo que dura un suspiro?... Y ahora me encuentro aquí, sin poder hacer nada. Ahora ya es tarde.

Me metí por unos viejos atajos para llegar antes. por el camino hablamos sobre el fin de semana siguiente; teníamos planeado ir al pueblo de Ricardo a un concierto. Me pareció que nos llamaban, así que miré un instante hacia atrás. No vi a nadie, por lo que volví a girar la cabeza para mirar al frente. cuando me quise dar cuenta, un coche venía de frente nuestra, sin darme cuenta me había pasado al carril contrario. todo fue muy rápido, no me dio tiempo a reaccionar.
Lo siguiente que recuerdo es despertar sobre el suelo, con un dolor de cabeza horrible y completamente magullado, tumbado boca arriba sobre el duro asfalto. todo daba vueltas a mi alrededor, solo oía voces y sirenas. giré un poco la cabeza a mi derecha y vi la moto, completamente destrozada y empotrada contra el techo de un vehículo. había mucha gente a mi alrededor. volví la cabeza, cerrando los ojos, hasta volver a quedar mirando al cielo. intenté gritar, llamar a Jose, pero no logré articular palabra. entonces miré a mi izquierda... allí estaba él, tirado en el suelo y con la cabeza ensangrentada. me pareció que me miraba, por lo que intenté mover mi brazo hacia él. pero tras sus ojos no había vida, solo una mirad perdida en el espacio, un instante de descuido por mi pare, mi insistencia de esa mañana... Una chica se acercó y le cubrió con una manta dorada.

¿Por qué no le habría dejado irse andando?¿Por qué no nos habíamos quedado en aquel banco a la sombra o, simplemente, por qué no me había quedado en casa y le había dejado dormir?¿Por qué tuve la imprudencia de volver la cabeza?

Entonces empecé a llorar, le dije a la chica que Jose tenía que ir a casa, que iba a llegar tarde. Grité de rabia. "Hemos hecho todo lo posible, lo siento", esas fueron las únicas palabras que oí. entonces me quedé dormido.

Desde aquel día tengo la imagen en mi mente de Jose ensangrentado y tirado en el suelo, con aquella manta tapando la mayor parte de su cuerpo. NO puedo olvidar esa escena, estaba allí por mi culpa. Jose no lo merecía.

¿Cómo volver a mirarme al espejo?¿Cómo mirar a sus padres a la cara?¿Cómo decirles que no volverán a ver sonreír a Jose, ni llorar... que no volverían a verle?. Yo no podía hacer eso, no podía arrebatar a una madre el cariño de su hijo. NO podía acabar con la vida de nadie, y menos de él. Yo tenía que estar en su lugar, yo fui el que me distraje, yo fui el culpable.
Lo siento mamá, pero yo no puedo vivir así. NO puedo levantarme cada mañana y seguir como si nada hubiera ocurrido. espero que podáis perdonarme algún día, pero solo veo esta solución... no puedo más.

No puedo más...